viernes, 2 de diciembre de 2011

Prestidigitador



Hombre con traje caro de prestidigitador ilusionista.  Foto de archivo - 7548780

Qué será de la vida del hombre que de su manga naranja y mano de plata

Sacó las cosas más sencillas que jamás nadie regaló: risas, estrellas, nubes, amor!.


Y con su sombrero me cubrió del frío, nunca se esforzó por quitar de mi frente el velo de algún engaño, personal cadena.



Y sin mucha práctica natural era. Miró en mis ojos lo que nunca dejé que vieran.

El velo engañado y necio solo se cayó. Chiquita era a su lado, porque él se llenaba
De risas y crecía tanto hasta el cielo adonde me llevaba cuando de sus labios, salía la humedad del amor.


Prestidigitador te esfumaste y el polvo duele en el alma. El tocadisco a veces suena solo  y de las canciones vuelan las aves, aquellas que guardabas para mí.



No sé más de ti y sin embargo cuando cae la tarde mientras los colores del ocaso rotan como si en un calidoscopio los viera, apareces tu saludando, creo a veces es una I ilusión. Eres tú.



Ojalá no haya perdido usted su maleta repleta hasta el fondo de magia.
Llena de ganas, cristales, mis besos, mi letra que es para ti.


Si algún día haciendo y deshaciendo mientras viajas, aparece en su cama una carta, transportada por el todo que algún día me entregaste, reconocerás, entonces, que la magia es contagiosa, como la risa, Como los besos, y los abrazos.



Léala y sin dudar recuérdame como ahora lo hago yo. Sé que vivirás para hacer y para dar, desde hace tiempo no para mí.



Me diste tanto que cada mes, de aquel sobre, siembro las semillas de las Magnolias, del color que se me antoje, aunque siempre aparecen tan Blancas y con tu aroma.

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